August312009

Caminando entre los Muertos

¿Cómo salvarnos a nosotros mismos? Creo que la respuesta es tan simple como decir que no podemos; que nos encontramos caminando por sobre un valle marchito, mirando el pasto verde al otro lado de un muro, pero incapaces de alcanzarlo. Más sensato pareciera ser aceptar nuestra muerte como personas, individuos, como dueños de nuestras vidas y entregarnos al inevitable fin.

De esta forma, podemos también llegar a decir que, en definitiva, la vida es el inevitable fin de si misma, que no hay nada más a que aspirar; y sólo entonces lograremos encaminarnos hacia la libertas y salvarnos como sujetos. Pero para esto es fundamental aceptar que no nos es en lo más mínimo provechoso vivir pensando en lo que habría de venir después de lo vivido; vivamos para hoy y mañana, pero para la vida misma, porque esta no es eterna, sino que efímera, y cuando vivamos para vivir será cuando realmente hayamos vivido.

Subvertir la culpa parece fundamental para este fin. Reivindicar el placer de la carne y elevarlos tanto como los del “espíritu”, por decir en términos poéticos; eliminar las barreras que nos limitan, exponer los mecanismos de control, resistir, rebelarnos, revolucionarnos. De nada sirve contentarnos con el estado actual de las cosas, de nada sirve sufrir si nada viene después, es inútil parchar los errores que nuestros padres han cometido dándolos como naturales, como necesarios, sino que lo necesario parecería ser acabar con aquellos supuestos que limitan nuestro actuar, sujetos a meras banalidades materiales, ya que es fundamental el cambio.

Nada proponen los políticos y las religiones, nada se puede lograr desde los mismos canales del poder establecido; revirtamos las relaciones de poder, destruyamos los mecanismos que nos sujetan a la voluntad de aquellos que los regulan. El sistema político y económico, que no hace sino beneficiarse con nuestro sudor y nuestra sangre, transformando nuestra vida en mera producción a través de un enorme complejo de estructuras que habrían de controlarnos. Las religiones y filosofías occidentales no hacen sino reproducir estos esquemas de normatividad, que potencia la segregación y discriminación legitimada por una supuesta moral natural y trascendente, pero que no hace sino obedecer a estos discursos normativos y a la estructura de poder. En definitiva, la llamada “acción social” que se presenta como una supuesta solución no es más que otro mecanismo para hacer que las diferencias sociales se mantengan en el tiempo, parchándose de a poco, mientras se reproduce el mismo sistema que las produjo.

Caminando entre los muertos, entre sujetos que no son capaces de evidenciar su entrega incondicional a un sistema que no hace más que transformarlos en fuerza productora, en explotarlos, prometiéndoles una vida eterna llena de felicidad y plenitud. Pero aquella no existe, y el entender eso es el primer paso para nuestra liberación y el inicio de una nueva moral de resistencia y cambio social verdadero, tras la subversión de las estructuras opresivas y una conciencia de nuestro poder como sujetos de cambiar la realidad.

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